Cuando leo “Ciencia, Orden y Creatividad”

Arlette Pichardo Muñiz
7 min readNov 12, 2015

Por: Arlette Pichardo Muñiz

“Ciencia, Orden y Creatividad”, se trata de una obra de la autoría de David Bohm y Francis Davis Peat, en la que ambos confluyen en el acercamiento a la ciencia, o más bien a la nueva ciencia, y tal parece que el primero aporta la re-noción de orden y el segundo los caminos de la creatividad.

Bohm (1917–1992), físico heterodoxo, discípulo de Einstein, con notables contribuciones a la mecánica cuántica (https://es.wikipedia.org/wiki/David_Bohm), entre cuya producción, que comentaremos en posteriores entregas, se encuentranSobre la Creatividad”, “La Totalidad y el Orden Implicado” y “El Diálogo. Una propuesta”. Peat también físico, nacido en 1938, (https://en.wikipedia.org/wiki/F._David_Peat), en conjunto con B. J. Hiley editó “Quantum Implications”, un conjunto de ensayos en honor a David Bohm, autor de “Sincronicidad. Puente entre materia y mente” y coautor con John Briggs de “Las siete leyes del caos. Las ventajas de una vida caótica”, que también comentaremos más adelante.

El libro es producto de una serie de diálogos entre los autores, sostenidos desde inicios de la década de 1960, publicados por primera vez en 1987. En su propia voz (p. 9–21):

Bohm: ¿Qué te llevó a sugerir que escribiéramos un libro juntos?

Peat. La idea de que la mente humana era capaz de plantearse este tipo de cuestiones y aprehender de alguna manera la inmensidad de todo.

Peat: ¿De dónde surgió ese interés desmesurado por las matemáticas?

Bohm: … las ecuaciones eran la única parte de la teoría que todo el mundo creía entender realmente y se convirtieron en sí mismas en el contenido esencial de la física (algo similar se podría decir de otras disciplinas A.P.M.).

Bohm: una teoría es una especie de mapa del universo y, como cualquier otro mapa, es una abstracción limitada y no del todo exacta.

Peat: La ciencia, el arte y la religión nunca estaban realmente separadas.

Bohm: … esa visión cambió debido a la especialización. Se hizo cada vez más estrecha y desembocó en nuestro acercamiento actual, que es bastante fragmentario… este desarrollo tuvo lugar, en cierta medida, al convertirse la física en el modelo al que tendían todas las ciencias.

Bohm: …necesitamos cambiar lo que entendemos por “ciencia”.

En forma reiterativa, Bohm y Peat argumentan que la forma de hacer ciencia que ejerce una influencia creciente sobre las sociedades del mundo, está acosada por serias dificultades: la fragmentación, una de las más importantes, que constituye un serio obstáculo a la creatividad. En ese sentido, afirman que los paradigmas, especialmente aquellos que han permanecido durante cierto tiempo mantienen la mente “encarrilada”. mientras que, la esencia de la creatividad descansa en la habilidad para tener percepciones nuevas.

Fragmentación. Significa «romper» o «dividir» y tiene lugar cuando se intenta imponer divisiones de manera arbitraria, sin ninguna consideración de un contexto más amplio, incluso hasta el punto de ignorar conexiones esenciales con el resto, no debería confundirse con el hecho de dividir un área de conocimiento en campos específicos de especialización o con la abstracción de problemas concretos para su estudio, divisiones que pueden ser perfectamente legítimas, y de hecho constituyen un rasgo fundamental de la ciencia.

Infraestructura tácita de las ideas científicas. Un motivo subliminal de fragmentación en la ciencia. La tendencia de la mente a aferrarse a lo conocido se intensifica por el hecho de que la estructura tácita está inseparablemente entretejida con toda la red de la ciencia y con sus instituciones, de las que depende la seguridad profesional de quienes hacen ciencia. Un mecanismo especialmente significativo, que la mente emplea para defenderse de la inadecuación de sus ideas básicas, es negar que resulte relevante explorar tales ideas. Otra forma de defender la estructura subliminal de las ideas es exagerar la separación entre un problema concreto y otras áreas (p. 33).

El pensamiento como juego. La etimología de las palabras «illusión», «delusión» y «collusión», tiene una raíz común en el latín ludere, «jugar». Así pues «illusion» implica engañar a la percepción; «dellusión» engañar al pensamiento; «collusión» engañar ambas para dar soporte a las ilusiones mutuas (p. 60). Aferrarse a ideas familiares es esencialmente lo mismo que impedir a la mente el comprometerse en un libre juego creativo. Y, a su vez, es ésta, la ausencia de libre juego creativo la que impide que la mente tenga la tensión vibrante y la energías necesarias para liberarla de la rigidez de la estructura tácita de las ideas habituales (p. 64).

La comunicación es tan esencial para el acto creativo como la percepción mental. La creación surge tanto en el fluir de las ideas como en la comprensión personal. La comunicación tiene un importante papel en la percepción creativa, no solo en la ciencia, sino también en el arte. La comunicación tiende a romperse y queda así anulada la creatividad. Igual que en el arte, también en la ciencia la creatividad surge de una comunicación libre y abierta. Los problemas de comunicación entre las ciencias han resultado «inconmensurables», más sutiles y complejos de los que se sospechaba a primera vista (p. 86).

La creatividad actúa a través del libre juego del pensamiento, mediante un movimiento libre de conciencia y atención y éstas, la conciencia y la atención, hacen posible que actúe la inteligencia creativa. El potencial creativo es algo natural, pero un apego excesivo a los programas rígidos de la infraestructura tácita del conocimiento es lo que impide que la creatividad discurra.

Para entender qué es conciencia, hay que darle una mirada a la raíz de la palabra «conocimiento», del latín «lo sabido en total». Originariamente significaba «lo que todo el mundo sabe en total», y hacía, por tanto, referencia a algo esencialmente social y cultural. Sin embargo, hoy se refiere normalmente a «lo que la persona sabe en total», es decir, el estado global de «saber» de la persona.

Conocimiento y conciencia se usan como términos intercambiables, pero tienen connotaciones muy diferentes. “Conciencia significa «cuidado» o «atención». El término «conciencia sensible» nos hace evocar la imagen de una persona extremadamente atenta o perceptiva y dispuesta por tanto a responder a sutiles impresiones de todo tipo. Al hablar de conciencia hay que introducir la cuestión de la «atención». Así, la palabra «atención» significa literalmente «extender» la mirada hacia algo” (p. 238).

Para que florezca la creatividad, la conciencia sensible tiene que disponer de cierta movilidad, de modo que la atención pueda desenvolverse de manera libre y pueda ser así relevante en el momento preciso. Este movimiento libre de la conciencia y la atención se halla estrechamente relacionado con el libre juego del pensamiento. De hecho la creatividad necesita de ambas formas de libertad, que en esencia no son más que una (p. 240).

La inteligencia creativa es capaz de adelantar nuevas órdenes y estructuras sensoriales, que toman forma en percepciones nuevas (p. 240). Buena parte de lo que se considera inteligencia, debería ser denominado intelecto (una cristalización relativamente mecánica de la inteligencia, p. 245). El intelecto, la emoción y la voluntad no pueden separarse, a no ser en el pensamiento para el análisis.

La necesidad, cuya raíz es «ne-cedo» que significa «no ceder», la necesidad resulta ser la disposición a no ser desviado, lo que es, ciertamente, una característica esencial de la voluntad (p. 242). Una de las maneras en que se manifiesta la inteligencia es la organización de categorías, órdenes y estructuras del intelecto en maneras nuevas. En el conocimiento diario la mente está absorta por la infraestructura tácita de ideas y disposiciones para sentir y actuar, que operan de manera casi totalmente mecánica (p 244).

Las respuestas de Oriente. El Tao concede la máxima importancia a la armonía interna con la naturaleza y la totalidad, y eso implica un mínimo de acción intencionada dirigida (p. 281). Esta idea de que cierto tipo de inacción es en sí misma una acción, e incluso la forma más elevada de acción, es recurrente en toda la cultura oriental. Existe la misma tendencia en la cultura hindú (con el yoga) (p. 282) o en el Zen, una forma particular del budismo (p. 283).

La oleada creativa tiene que darse en todos los aspectos de la vida humana (p. 292). Ya que el potencial creativo es algo natural, lo fundamental es dejar a la luz los supuestos rígidos que lo bloquean y entonces ser capaz de disolverlos (p. 293). Resulta de crucial importancia volver toda la actividad que todavía nos queda contra la «mala información destructiva» que poco a poco va bloqueando y ahogando el potencial creativo natural (p. 295). Se necesita limpiar esa «mala información destructiva» para liberar esta energía de su esquema rígido y destructivo. Mientras esta prevalezca la comunicación de temas fundamentales se verá bloqueada, las personas no serán capaces de escucharse mutuamente y con seriedad.

La necesidad esencial es aflojar los contenidos mantenidos rígidamente en la infraestructura tácita del conocimiento, así como “ablandar” la dureza del corazón, comienzo de amor auténtico.

Cuando leo “Ciencia, Orden y Creatividad”, más en esta oportunidad, con la mirada puesta en el propósito último del libro: despertar interés por la creatividad, me doy cuenta que, desde el diálogo introductorio con su sensación de frescura, se trata de una narración con un espléndido dominio de la argumentación, que enraíza y facilita la lectura de los ejes centrales: la capacidad de la mente para captar la totalidad, el papel del diálogo, la articulación ciencia, arte y religión y la esencia o tesis central del libro (según los propios autores): cambiar lo que entendemos por ciencia para dar paso a la creatividad. Interesante conclusión/conexión que empalma con “El vuelo de la inteligencia” de José Antonio Marina, que comentamos la semana pasada.

Empero, ¿qué necesitamos para cambiar la manera de entender la ciencia?. Volvamos, pues, al diálogo entre los propios autores:

Peat: “¿cómo puede la ciencia, cuando está basada en una actitud fragmentaria hacia la vida, llegar a entender la esencia de los auténticos problemas, que dependen de un contexto indefinidamente extenso? La respuesta no se encuentra en la acumulación de más y más conocimiento. Lo que se necesita es sabiduría.

Bohm: implica también buena voluntad y camaradería (negritas de A.P.M.).

Nota: La versión original en inglés bajo el título de “Science, Order and Creativity” es de 1987. La primera versión en español publicado con el subtítulo de “Las raíces creativas de la ciencia y de la vida” es de 1988. Barcelona: Editorial Kairos.

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Arlette Pichardo Muñiz

Estudió Sociología, con Maestría en Planificación y Doctorado en Educación.